
Impactos de Organizar un Mundial – Parte 4 de 4
Gobernanza, política y el poder detrás del mayor evento deportivo del planeta
Organizar un Mundial de Fútbol no es solo un desafío logístico, económico o social: también es un proceso profundamente político. Las decisiones que se toman antes, durante y después del torneo moldean la imagen de un país, su liderazgo internacional, la forma en que se gestionan los recursos y los mecanismos mediante los cuales se rinden cuentas.
En esta última entrega de la serie analizamos cómo un Mundial se convierte en una plataforma de poder, diplomacia y gobernanza.
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La política detrás de la sede mundialista
Ser elegido sede de un Mundial es una decisión altamente política. Implica:
- Relaciones internacionales y alianzas estratégicas
Las candidaturas requieren pactos, negociaciones y compromisos con federaciones de todo el mundo. Es un ejercicio de diplomacia deportiva.
- Legitimación internacional
Los países buscan reforzar su reputación, mostrarse modernos, estables y atractivos para inversiones.
- Riesgos de controversia
Ha habido casos donde procesos de elección han sido señalados por falta de transparencia, conflictos de interés o presuntas prácticas de corrupción.
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Gobernanza interna: decisiones que afectan al país
Un Mundial influye directamente en la manera en que un gobierno organiza prioridades:
- Marco legal y regulatorio especial
En muchos casos se aprueban leyes específicas para acelerar obras, flexibilizar normativas o crear zonas de excepción.
- Grandes contratos públicos
Las concesiones para construir estadios, transporte, telecomunicaciones o seguridad pueden generar tensiones si no hay supervisión clara o competencia justa.
- Presión pública y demandas ciudadanas
Los habitantes exigen transparencia, explicar por qué se gastan recursos, y qué beneficios reales deja el torneo.
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Transparencia, rendición de cuentas y riesgos
La escala del evento crea un ambiente vulnerable a prácticas inadecuadas si no hay controles sólidos.
Principales riesgos políticos y de gobernanza:
- Falta de supervisión de obras y contratos.
- Aumento de costos sin explicación clara.
- Uso político del torneo con fines electorales.
- Tensiones por desplazamientos o decisiones que afectan comunidades.
Cuando la gobernanza funciona bien:
Un Mundial puede convertirse en un ejemplo de administración eficiente, innovación pública y fortalecimiento institucional.
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El Mundial como herramienta de poder blando
Más allá del deporte, la justa funciona como un escaparate diplomático:
- Impulso al turismo y la proyección global
El país anfitrión se muestra ante millones de espectadores.
- Iniciativas de cooperación internacional
Foros, acuerdos e intercambios culturales suelen intensificarse.
- Reputación y liderazgo regional
Países emergentes aprovechan el torneo para posicionarse como potencias deportivas, económicas o culturales.
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Legado político: ¿qué queda después del Mundial?
El impacto político puede ser positivo o negativo, dependiendo del manejo:
Legados positivos
- Mejora de procesos de contratación pública.
- Instituciones más sólidas y con mayor experiencia.
- Mayor apertura al escrutinio internacional.
- Modernización de marcos regulatorios.
Legados negativos
- Deuda pública o compromisos financieros elevados.
- Proyectos mal planeados o subutilizados.
- Percepción de corrupción o manejo opaco.
Conclusión
La dimensión política del Mundial es quizás la menos visible para los aficionados, pero es la que define el rumbo estratégico del evento. Un torneo bien gobernado no solo deja infraestructura o beneficios económicos: deja instituciones más fuertes, confianza social y una imagen internacional sólida.
Nos vemos en el mundial…




